
Son las 8,10 de la mañana. Mi móvil no registra mensaje alguno. Fuera llueve. He quedado a las 8, 30. No sé si volver a acostarme, hacer una llamada, salir a mi cita trotando, coger el coche... Al final opto por lo último en un intento de llevar cordura al grupo que ha quedado para la trotada. Una vez reunidos (sólo somos tres) parece que no hay vuelta atrás y, pese a la lluvia, nos ponemos en marcha. Mis compañeros no me han dado otra opción y esa es la grandeza de estas "quedadas" pues, si no es por ellos, yo no me habría movido. La ruta trazada por Carlos nos conduce por la carretera de Dolores hasta El Nugolat; aquí cogemos uno de los canales de Riegos de Levante que nos lleva siguiendo su curso hasta Balsares. Cruzamos un precioso Clot de Galvany y, desde aquí, por la carretera del Faro, hasta Santa Pola. Tanto Carlos como Ito se lo curraron ayer pues, además de hacer el recorrido en coche para detectar algún problema, no han faltado tres avituallamientos sigilosamente escondidos entre la maleza para reponer las pérdidas hídricas por el esfuerzo.
La lluvia ha cedido media hora más tarde pero en los últimos 8 kms ha caído bien fuerte. Ha habido tiempo para todo durante las 3 horas 14 min. que hemos empleado, desde una agradable conversación y demás bromas hasta la tan conocida soledad del corredor de fondo. Pero si hoy he hecho, por primera vez en mi vida, una distancia tan larga, ha habido otra novedad: la del chapuzón en el mar, delante del Miano, un día de Enero. No os describo los gritos y demás improperios (menos mal que no había nadie en la playa) pero lo realmente cierto es que tanto a Ito como a mí se nos han dormido los dedos de las manos, vamos como anestesiados. Luego una buena ducha caliente, una cerveza y muchas gracias por llevarme en volandas. Hata pronto.








