
¡Genial!. Toda la carrera ha sido una constante: medir mis fuerzas para afrontar esos últimos 10 kms desconocidos por completo para mí. Las sensaciones eran buenas y, en un día magnífico, no debía apretar en demasía al principio por temor a que me faltaran fuerzas al final. Todos los que me acompañaron desde Elche me apoyaron durante el circuito y en la meta. Sus ánimos me empujaban hacia delante y en mi interior ni se me pasaba por la cabeza una retirada. ¡Joder!, la responsabilidad asumida era grande y no podía defraudar ni a ellos ni a mí. Mentalmente hacía mis cálculos sobre la media que llevaba. Todo parecía que podía bajar de las 4 horas pero... delante estaba ese "muro" que he conocido por primera vez. Alrededor del km 33 el cansancio acumulado me impedía aumentar el ritmo, llegué a titubear y eso lo notaba por el adelantamiento que me hacían los corredores. Llegando al estadio, José Manuel López se convierte sin saberlo en mi verdadero padrino. Me coge en volandas, me dice que por aquí ganó Abel Antón el Campeonato del Mundo de Maratón en 1999, que la sensacíon de acabar es inconmensurable, que te dan ganas de llorar, que este momento no se olvidará jamás... en fin, los últimos 500 metros junto a López han sido sencillamente maravillosos. Aquí se me olvidaron todas las rozaduras, los pequeños tirones, la pesadez de las piernas, las ampollas de los pies, los signos de deshidratación, los pensamientos de abandono. Bien, objetivo cumplido: 3 horas, 56 minutos corriendo y completando los 42 kms. En estos momentos pasan por mi cabeza tanto los nombres de aquellos que han compartido carreras desde que me propuse el reto hace 5 meses, como los de hace más de 25 años en que empecé a hacer un poco de fondo por salud pero que jamás había llegado a la mítica distancia del Maratón. Como dije en otra ocasión, al menos una vez en la vida merece la pena.






